El otro día encontré un alacrán en la cocina, lo saqué a la calle con un recogedor y le pedí que no volviera a entrar a la casa, pero necio, como suelen ser los alacranes, enfiló sus patas de nuevo hacía la puerta.
Lo empujé con la escoba hacia la calle, de nueva cuenta le pedí que no insisitiera en estar en casa, que su compañía no sería amena para mí, que ambos podríamos dañarnos mutuamente.
En ese diálogo estaba con el alacrán, cuando pasó mi vecino y me preguntó qué hacía.
Estoy hablando con este alac... ni bien terminaba de decirle al señor, cuando ya su bota había hecho puré al pobre bicho.
Cuando mi vecino se alejó, miré su cadáver, sentí lástima, solo pude decirle: ¿Ya ves? Te lo dije, te pedí, te insistí, que te alejaras de mi casa, no creas que estoy indenfensa.
Aquí siempre hay alguien que me cuida.
Del baúl de: Irma Pineda
22/09/2026
Por Redacción
De la inspiración de la poetisa Irma Pineda