El nombre de Emiliano Zapata vuelve a escucharse en plazas, escuelas y comunidades rurales. No es un recuerdo lejano: es una historia que sigue latiendo en la vida diaria de miles de personas que ven en la tierra y el trabajo un derecho que aún se defiende.
Zapata fue asesinado en 1919, en la Hacienda de Chinameca, en medio de una traición que marcó uno de los episodios más duros de la Revolución Mexicana. Su figura quedó ligada a una demanda que no perdió vigencia: “La tierra es de quien la trabaja”.
A más de un siglo, su imagen no se quedó en los libros. En el sur del país, especialmente en comunidades campesinas e indígenas, su legado aparece en murales, consignas y formas de organización. No es una estatua inmóvil; es referencia en debates actuales sobre territorio, recursos y derechos colectivos.
El aniversario luctuoso no pasa desapercibido. Actos cívicos, ofrendas y marchas recuerdan no solo su muerte, sino el contexto de desigualdad que detonó su lucha. En muchos casos, la reflexión gira en torno a cuánto ha cambiado y cuánto permanece en las condiciones del campo mexicano.
Hablar de Zapata hoy implica mirar de frente las deudas históricas: acceso a la tierra, condiciones de producción, justicia agraria.
𝗔 𝟭𝟬 𝗱𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗹: 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗭𝗮𝗽𝗮𝘁𝗮 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼
10/04/2026
Por Redacción
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