La escritora zapoteca Irma Pineda habló sobre una problemática que sigue activa en modo incógnito: la copia y comercialización de textiles indígenas sin beneficio para quienes los crean.
Señaló que en plataformas digitales es frecuente encontrar imitaciones elaboradas por empresas extranjeras, piezas que reproducen diseños tradicionales sin reconocer el trabajo ni el conocimiento de las comunidades originarias.
Para la diputada, la discusión no se limita al ámbito cultural. Advirtió que no es posible hablar de fortalecimiento de lenguas ni de identidad cuando las personas que las mantienen vivas enfrentan violencia, desapariciones y discriminación. La protección, dijo, debe comenzar por garantizar su seguridad y derechos.
Aunado a esto, experiencias colectivas en el país han comenzado a documentar y resguardar estos saberes. En la región huasteca de San Luis Potosí, comunidades tének y nahua, junto con especialistas, desarrollaron un proyecto que recopila el origen, simbolismo y procesos de los textiles tradicionales, desde la relación con la tierra hasta los ciclos naturales que determinan su elaboración.
El trabajo incluyó talleres comunitarios y materiales bilingües que buscan transmitir estos conocimientos a nuevas generaciones. Entre ellos destacan guías de buenas prácticas y libros elaborados con la participación de niñas y niños, donde los bordados se narran como historias vivas ligadas a la naturaleza, la cosmovisión y la memoria colectiva.
La reflexión de Irma Pineda se coloca en ese mismo punto: los textiles no son mercancía, sino parte de un entramado cultural que exige respeto, reconocimiento y condiciones dignas para quienes lo sostienen