En San Juan Bautista La Raya, el carnaval es memoria que se hereda. Antes de salir a las calles, los participantes se reúnen en casa, se colocan el traje y ajustan la máscara. Vestirse juntos es parte del ritual.
La tradición, que alguna vez se realizaba el martes previo al Miércoles de Ceniza, hoy se celebra el primer domingo posterior. Su origen se asocia a raíces religiosas y también a relatos que hablan de la expulsión simbólica de la muerte del pueblo. Otra versión sitúa su llegada desde Zaachila.
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El traje distingue a los diablos de La Raya: camisa y short con figuras que evocan pezuñas, mangas que simulan alas, máscara cerrada y el cucurucho de carrizo con flejes metálicos que brillan al sol. El chicote de ixtle estalla contra el suelo y el “ñojojó” marca identidad.
El domingo principal, la explanada se llena. Hay concursos, bailes y premios en efectivo. Bajo el anonimato también florecen gestos de cortejo, como el intercambio de cascarones y liras.
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Más que un disfraz, es identidad colectiva. La cita es este 22 de febrero a partir de las 11:30 horas.